En el barrio Porta Romana de Milán, en el número 29 de la Via Giulio Romano se encuentra la que, con diferencia, podemos considerar la encuadernación más antigua de la ciudad: la "Legatoria Conti Borbone." Fundada en 1874, originalmente el local se había plantado en Via Ratti (al parecer era una calle donde abundaban las ratas y de ellas había tomado su nombre), es la actual Via Cesare Cantù, en pleno centro, cerca de la famosa Biblioteca Ambrosiana, sede también de la aún más supercelebrada Pinacoteca), desde cuando su fundador, Domenico Conti Borbone, tras aprender el oficio en el taller de Vittorio Villa decidió establecerse por su cuenta. Con la reurbanización y la demolición de manzanas enteras, la encuadernación de Domenico se trasladó al número 11 de Santa Maria alla Porta, donde existía desde 1824 la pastelería Marchesi shop, destinada a convertirse con los años en uno de los iconos de la excelencia pastelera y chocolatera de Milán. A la muerte de Domenico, las riendas de la encuadernación pasaron a su sobrina Giuseppina, quien, quizá favorecida por la proximidad entre ambos negocios, contrajo matrimonio con un Marchesi: Isacco. En 1919, nuevo traslado: esta vez la encuadernación se trasladaría al número 31 de Corso Magenta, en el edificio que hace esquina con la actual Via Terraggio, donde permaneció nada menos que 103 años. Practicando este arte, porque es un verdadero arte, porque implica "intelecto y manos", por usar las palabras del filósofo Giordano Bruno, están los herederos que quedan, los hermanos Gianluca, Gabriele y Angelo Marchesi. Entrar en lugares como éstos es como adentrarse en un mundo de antaño. Imprentas, prensas, punzones, cajoneras, tipografías, escudos de armas, clichés, como el de finales del siglo XIX que reproduce un Garibaldi a caballo realizado por los grabadores Lattone y Pozzi; libros con cubiertas grabadas en oro, en plata, en quemado con las paletas para la impresión a mano en los lomos, las ruedas para los perímetros para adornar los escritorios y las mesas finas, son una alegría para la vista. Entre las numerosas encuadernaciones las realizadas para decenas de Papas, para preciosos libros antiguos, para las obras de D'Annunzio de quien el taller conserva, pegada a la pared, una foto del Vate con esta dedicatoria manuscrita: "A los inclinados impresores de "Tutte Le Opere" despreciadas por dall'Ardito di tutti gli Arditi"